¡Hola!, si estás aquí hoy seguramente es porque te interesa tu belleza tanto como la tierra y no te gustaría sacrificar una por la otra, por eso hoy quiero presentarte un movimiento que probablemente te suene familiar, si no es porque ya lo has escuchado,  seguro podría ser por su analogía con otros movimientos hermanos, se trata de la cosmética slow.

Este movimiento, emparentado con la moda slow y la comida slow viene a formar parte de un estilo de vida más consciente en cuanto a nuestra salud e impacto ambiental. Se contrapone a la cosmética convencional que a base de olas magistrales de mercadotecnia, nos han llevado a un  consumo acelerado y absurdo de productos que tras su violento paso de “innovación” dejan un planeta devastado y miles de consumidores estafados: sin resultados y sin dinero.

¿Cuántos de nosotros no llegamos a comprar la última maravilla que nos ofreció la industria cosmética como solución a un problema que ni siquiera sabíamos que teníamos y que no resolvió?

Nuestros cajones están repletos de cientos de productos distintos y especializados que responden a nuevas “necesidades” creadas en aras de vender y ganar dinero, vienen en empaques relucientes, con aromas seductores y con la promesa de la juventud eterna y la belleza máxima, pero tras su uso, descubrimos que eran solamente basuras rellenas de falsas promesas o bien, que sus resultados no era ni mejor ni peor que los del resto de productos. Aun así, volvemos a la tienda por ese placer inmediato y pasajero que nos genera comprarlos. Quizá es por la misma razón que le hemos tomado tanto cariño al maquillaje, pues también nos proporciona un resultado inmediato y pasajero que se acaba cuando nos quitamos la máscara tóxica con la que nos cubrimos los rostros dañados por sus componentes.

Pero la cosmética slow quiere invitarte a cuidar verdaderamente tu belleza natural respondiendo a sus necesidades no inventadas y con resultados verdaderos que, si bien no son tan milagrosos como lo que prometen los anuncios de la cosmética comercial, sí son reales, pero,  ¿cómo pretende cumplir estos propósitos?

Primero debemos entender sobre qué está fundada esta propuesta, en su libro “Slow Cosmetique”, Julien Kailbeck (fundador) presenta como principios de este movimiento  las siguientes cuatro características:

  1. Inteligente: la cosmética slow utiliza solo ingredientes con efectos positivos para nuestro organismo y quizá sea necesario señalar que aunque los productos comerciales hacen alarde de sus componentes mágicos y benéficos, nunca nos cuentan de los muchos otros que son dañinos para nosotros y para el planeta, ah porque este blog se trata principalmente del planeta, ¿verdad? Esto ya lo veremos en el punto 3.
  2. Con sentido común: se despide del discurso idealista que nos vende falsas soluciones para falsos problemas y solo se encarga de los cuidados esenciales de nuestra belleza, ya desde aquí vamos viendo el beneficio que promueve para el ambiente, pues ha llegado para frenar esa cultura de consumo irracional e insostenible.
  3. Natural y ecológica: ahora sí, ya vamos hablando de nuestro precioso planeta, pues este concepto de cosmética se basa en las propiedades que la naturaleza tiene para ofrecernos y ponernos más guapos sin dañarla. Busca hacer uso de fórmulas eficientes que se vean sometidas a mínimas transformaciones que por lo tanto, suponen un ahorra de recursos y energía, promoviendo además el uso de componentes que no atenten contra el equilibrio ecológico y que sean sostenibles desde su origen, hasta su final.
  4. Promotora de los placeres sencillos: como ya decíamos antes, un importante incentivo para consumir productos cosméticos se deriva del placer que nos producen sus envases llamativos y fragancias sintéticas y en oposición a esto, la cosmética slow nos hace un llamado a redescubrir el placer de estar en contacto con la naturaleza y los buenos hábitos que benefician nuestro ser a través de ella.

¿Qué acciones me invita a tomar la cosmética slow?

La principal acción a la que te llama, es a informarte acerca de los ingredientes, procesos de producción y el origen de los productos que adquieres, a leer las etiquetas y cuestionarlas y para esto, puedes encontrar una lista con los ingredientes que debes evitar en tus compras en su sitio web. Así que, como ya te habrás dado cuenta, se trata de empoderar al consumidor con información que pueda usar para tomar mejores decisiones acerca del impacto de su consumo.

En segundo lugar, apoya y promueve los cosméticos hechos en casa, donde tú mismo controlas los ingredientes y las condiciones de su creación.

Hoy en día, la cosmética slow ha evolucionado en una asociación internacional sin ánimo de lucro, un galardón que busca evaluar productos en los que el comprador pueda confiar y resultantes de un productor ético e impulsado por valores ecológicos y humanitarios. Bajo dicho galardón, podemos descubrir una lista de productos avalados por la asociación que promueve opciones que abarcan fórmulas nobles y opciones sin basura. La asociación otorga a los diferentes productos, un nivel distinto según su grado de beneficios para el ambiente y las comunidades humanas.

Como si necesitáramos otro motivo para amar este movimiento veamos cómo nos ayuda a salvar el planeta al repasar los efectos ambientales de su contrincante, la cosmética típica comercial:

  1. Para nadie es secreto que los cosméticos convencionales tienden a incluir ingredientes peligrosos para nuestra salud y la de casi todo ser vivo, como los parabenos, las siliconas, los conservadores y hasta microplásticos, sin profundizar en otros componentes ya en tela de juicio como el SLS y el EDTA, que amenazan gravemente la vida marina. Esto no solo atenta contra nuestro bienestar, sino el de los ecosistemas donde estas sustancias terminan, recuerda que todos estos ingredientes los absorbe tu piel o llegan hasta los ríos y océanos cuando te los lavas, de cualquier manera le harán daño a alguien. Ni hablar de cuando han sido previamente testeados en animales…
  2. La oferta y demanda de estos productos es totalmente insostenible, se estima que el volumen de negocio procedente de la venta de cosméticos es de 3.500 por segundo ¿qué planeta podría soportar esta demanda de recursos y no morir! Hablemos, por ejemplo del ya tan controversial aceite de palma que, según el libro “El amargo fruto de la palma aceitera: despojo y deforestación” (una lectura no tan actual, pero que aún refleja una realidad vigente), proporciona la estearina, destinada casi exclusivamente a la producción de cosméticos.
  3. Por último, no podemos ignorar el impacto ambiental que generan estos productos con los envases desechables que utilizan y que además de gastar valiosos recursos en su producción, son muy difíciles de reciclar, aumentando la probabilidad de que se conviertan en basuraleza altamente contaminante.

Si te ha gustado la idea de rebelarte contra la cosmética convencional sin sacrificar el cuidado que tu belleza merece y quieres iniciarte en la cosmética slow (aunque es probable que ya estuvieras dentro sin saberlo), quiero regalarte una de mis recetas favoritas de cosmética natural y casera:

 

¡Máscara para pestañas DIY!

 

Ingredientes:
  • Almendras (10-15 piezas)
  • Cera de abeja (1 ½ cucharada)
  • Aceite de coco (1 cucharada)

Pasos:
  • Coloca las almendras en el congelador durante 3 a 4 horas y transcurrido este tiempo ponlas a tostar en un sartén hasta que se vuelvan completamente negras.
  • Retíralas del fuego y tritúralas con ayuda de una cuchara hasta que se vuelvan un polvo fino.

  • Coloca la cera de abeja y el aceite de coco en un recipiente de cristal resistente al calor y ponlos a derretir a baño maría.
  • Cuando se hayan vuelto un solo líquido agrega poco a poco el polvo de las almendras y mezcla todo muy bien con un palito hasta obtener una mezcla negra y uniforme.
  • Deja que se seque y así de fácil ¡tendrás tu máscara de pestañas!
  • Ya que está lista tu mezcla, rellena algún tubo de máscara comercial que tengas o que te donen. Es importante que sea un tubo y un cepillo de tu agrado al 100%, pues me he percatado que influyen mucho en los resultados finales, después de todo, de ellos depende la aplicación.

Lo que debes considerar:

Esta fórmula es un poco sensible a las distintas temperaturas, por lo que es posible que, si en tu ciudad hace mucho calor, sea necesario que agregues un poco más de cera de abeja o si es muy fría, más aceite de coco. Yo he tenido que variar las proporciones de esta manera según sea invierno o verano, pero no me ha causado ningún problema ¿Te animas a probarla tú?

Esto es todo por hoy y espero haberte inspirado aunque sea un poquito, ¿tienes alguna receta o un hábito de cosmética slow favoritos? ¡Compártelo con nosotros!

 

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