Hoy quiero contarles acerca de un estudio que hace tiempo me encontré y que al principio me asustó muchísimo. Se trata de un estudio realizado por la Corvinus University of Budapest en el que se compararon las huellas ecológicas de consumidores convencionales contra las de consumidores verdes.

Al leer el abstract, sentí un golpe en el estómago cuando en la parte de los resultados mencionaban que no se había encontrado una diferencia significativa entre las huellas de ambos grupos de consumidores, de hecho, cuando pasé rápidamente las hojas para ver los gráficos (que según yo me mostrarían mejor los resultados), me percaté de que incluso algunos consumidores convencionales tenían una huella ecológica menor que algunos consumidores “verdes”.

Sin embargo, conforme seguí leyendo el estudio ─esta vez completo─ fui formando varias opiniones que no necesariamente coincidían con sus resultados y comprendí cómo fue que llegaron a la conclusión que mostraban. En primer lugar, debo mencionar que el estudio se realizó en el año 2012 y que en aquel entonces muchos movimientos en pro de la vida sustentable no habían surgido del todo o no estaban muy extendidos; de hecho, creo que esta es la clave para comprender los resultados.

En el estudio, se consideraba consumidor verde aquella persona que cumplía con al menos cuatro de las siguientes características:

  1. Elije un medio de transporte amigable con el ambiente.
  2. Reduce su consumo de artículos desechables.
  3. Separa la mayoría de sus desechos para reciclarlos.
  4. Reduce su consumo de agua.
  5. Reduce su consumo de energía.
  6. Compra productos amigables con el ambiente con etiquetas ambientales.
  7. Elije productos producidos localmente.
  8. Utiliza el auto en menor medida.

Desde mi punto de vista, las características del grupo verde eran bastante permisivas o superficiales, pues como seguro ya habrás notado, tienen que ver más con adquirir tecnologías ecoamigables y menos con reducir (que, de hecho, es la tendencia actual en los movimientos eco) y pues ¡claro!, si no regulamos nuestro consumo, no vamos a reducir nuestra huella, pues por mucho que las tecnologías verdes puedan optimizar los recursos que usamos, ellas mismas los requieren y consumen, tal como cualquier otro producto manufacturado. Ahora me dirás, bueno, ¿y cómo me dices que no se enfocan en reducir si tres de las características dicen explícitamente «reduce»?…

Pues es que el fracaso de los consumidores ecologistas se debió principalmente a una compensación que realizaban; es decir, dejaban de comprar un producto dañino para el ambiente, pero lo compensaban comprando más de algún otro, o bien, con productos importados; o se preocupaban mucho por reciclar, pero los procesos de reciclaje y la demanda de espacios especializados para dichos procesos terminaban casi por equiparar su impacto con el de los consumidores no verdes. De hecho, también se menciona, por ejemplo, que el tener un auto híbrido hacía que algunas personas justificaran su uso y lo utilizaran con mayor frecuencia; que los consumidores vegetarianos/veganos solían comprar productos importados o  exóticos para cubrir las necesidades de su estricta dieta; o que la energía empleada en adaptar las vialidades urbanas para el ciclista no se alcanzaba a justificar para sus pocos usuarios; asimismo ocurría con los alimentos orgánicos que se llevaban de tierras muy lejanas a diferentes supermercados… y bueno, algo que no dice el estudio, pero me imagino que es parecido es comprar productos ecológicos envueltos en plásticos.

Además se habla de una falta de correspondencia en cuestión de actitudes, conductas, acciones e impacto y se ejemplifica esto con cifras de reciclaje que indican una discrepancia significativa entre la opinión de la gente respecto al reciclaje (muy favorecedora) y las verdaderas cifras de esta actividad (no tan favorecedoras como la opinión pronosticaría); o en otro caso, una práctica usual de reciclaje, pero una falta de interés en consumir materiales reciclados. A mí estos ejemplos me recuerdan mucho a la gente que escucho decir cosas como «qué bueno que ya van a prohibir las bolsas de plástico», pero nunca en su vida han hecho algo por reducir su consumo de desechables en general.

Cuando llegué a este punto del estudio, sentí un alivio genuino, pues los movimientos que hoy pretenden vivir en armonía con el ambiente, buscan precisamente aquello que el estudio no consideró crítico para determinar al grupo de consumidores verdes, pero que resultó ser lo más efectivo: la verdadera reducción y el consumo local. No obstante, aunque no fue la tendencia en los resultados, el estudio también mostró individuos que lograban mantener una huella menor gracias a que se mantuvieron alejados de la  «compensación», así que no te desanimes, ¡sí es posible ser coherente con tu pensamiento, tus acciones y tu impacto!

Solo recuerda: de nada vale comprar 5 blusas en lugar de una solo porque sean de algodón orgánico o hechas a mano y menos si los insumos viajaron desde la mismísima china.

Si no lo necesitas, si puedes prescindir de ello, si no pasa nada por no comprarlo, ¡no lo compres!

Y si a pesar de todo, consideras que lo necesitas opta por pedirlo prestado, comprarlo de segunda mano, piensa si algo que ya tienes puede cumplir su función o finalmente, si ya agotaste todas estas opciones ¡consume verde!, pero que tu consumo, no se convierte en consumismo.

Finalmente quiero recomendarte una actividad que hace ya tiempo estoy realizando para mantener una especie de «control» sobre mi consumo, se trata de llevar un registro de tus compras en un calendario para que de esta manera puedas ver cuánto estás comprando y en cuánto tiempo, y que de la misma manera, tengas una fuente confiable para consultar qué tiempo de vida le estás dando a tus objetos. Solo debes apuntar lo que compraste sobre la fecha en que lo hiciste y ya, contarás con un indicador muy visual que te permitirá saber en qué punto estás y si realmente estás o no reduciendo tu consumo.

No puedo despedirme sin antes recomendarte que leas el estudio original, pues aunque intenté hablar de lo que me pareció más relevante, hay muchas otras cosas útiles que no abordé y con las que seguramente podrás sacar tus propias conclusiones. Puedes leerlo aquí.

Ahora sí, ¡hasta pronto!

 

¡Es bueno compartir!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Es bueno compartir!